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Adriano Olivetti ilustración

Política, la aspiración máxima del diseño

Política, la aspiración máxima del diseño 1600 505 fcescxavier

“Noi sappiamo bene che nessuno sforzo sarà valido e durerà en el tempo se non saprà educare, elevare l’animo umano, e che tutto sarà inutile se il tesoro insostituibile della verità e della cultura, luce dell’ intelletto e lume dell’intelligenza, non sarà dato a ognuno con generosa abbondanza, con amorosa sollecitudine”

“Prima esperienze in una fabbrica”, in Il mondo che nasce.
Adriano Olivetti

Leer los escritos de Adriano Olivetti y acompañarlos de su biografía es elevar el diseño a lo político.

Adriano Olivetti fue un empresario italiano con una visión única de la empresa donde el diseño y lo político se encontraban como tensiones de continuidad. Con un elemento unificador, la busqueda del bienestar del hombre, a través de la fusión del orden económico, social y político. Fundado en un movimiento comunitario que impulsaba la idea de lo colectivo. En Olivetti no hay una apelación moral ni una consigna humanista, hay una intuición cierta, una organización de lo social que pone al hombre en su dimensión relacional en el centro.
Esta visión se convierte en un plan, su diseño se convierte en una tesis política. Adriano siempre aspiró a la política, esa era su dimensión real. Convirtión Ivrea en un laboratorio donde exportar sus ideas al mundo. Si seguimos viendo la máquina de escribir lettera 22 como su mayor logro perdemos la atención en lo más importante.

Adriano, intuye una idea de comunidad fundada en el presente lleno de sentido. No piensa en la empresa como un instrumento económico al que se le deben añadir valores para interpretarlo, sino como una organización de lo común que genera riqueza inmaterial y material. En su pensamiento, producir no significa fabricar objetos, sino instituir relaciones: entre los hombres, con el tiempo, con el territorio donde arraigue la cultura, lo común, genera sentido.

No es extraño que encontremos principios de diseño en su proyecto. Mejoremos la vida de las personas, generemos valor en lo que hacen, retroalimentemos lo contable a partir de su bienestar. Produzcamos verrdad para generar un margen que mejore cada vida. Fundemos lo bello como «el hacer desinteresado», el dar sin esperar nada a cambio. Creamos lo colectivo donde las relaciones sociales no se mapeen, ni impongan una realidad ajena.

Ahí comienza el diseño como un hacer político.
No en la forma.
No en la función.
Sino en la correspondencia donde la forma y la función operan desde lo invisible.

Máquina de escribir Lettera22 de Olivetti

Lettera 22

La Lettera 22 fue una máquina de escribir portátil de Olivetti, diseñada por Marcello Nizzoli y lanzada en 1950. Su éxito radicó en una combinación excepcional de diseño moderno, portabilidad y funcionalidad, que la convirtió en un objeto cotidiano capaz de integrar estética y uso con naturalidad.

Reconocida con el Compasso d’Oro en 1956 e incorporada a la colección permanente del MoMA, la Lettera 22.


El origen de todo

Las palabras primordiales no significan cosas, sino que indican relaciones.

“Yo y tú”
Martin Buber

El hombre moderno, el hombre productivo sigue poniendo la mirada en el objeto, en lo representado. En la tecnología generadora y que eficiencia. No en la tecnología como proceso de conocimiento, de relación con lo físico y con lo invisible. Situamos el origen de todo, —el arjé, que buscaban los primeros filósofos griegos— en la cosa. En el producto.
Pero, ¿y si el arjé no estuviera ahí?

Sostenía Martin Buber, filósofo austriaco, que el principio originario no es material, sino relacional. El ser humano no se constituye en soledad ni en la posesión, sino en el encuentro. El yo no preexiste, sino que emerge en la relación.

La relación Yo–Tú no es un existir ético de comportamiento, sino una condición que nos hace quienes somos. En ella, el otro no es medio, producto, recurso ni función, sino presencia. Frente a esta relación encontramos la relación Yo–Ello que reduce el mundo —y a los hombres— a objetos disponibles, gestionables, intercambiables.

Perdonad este arranque pero para entender lo que no nos sucede a nivel político debemos entender de lo que carecemos a la hora de analizar lo político.
La política se establece en la relación, es el orden que establecemos basado en obligaciones. Porque esta es la manera de organizar y entender lo que emerge en la ciudad. El orden social, la interrelación entre el yo y el tú donde surge el otro.
Y, por tanto, es diseño. Porque no diseñamos a través de los artefactos nuestra manera de relacionarnos con el mundo. El diseño es un interfaz que permite conectar y aprehender. Es una ampliación que permite ampliar conexiones, con nosotros mismos.

El diseño es la pregunta, la misma que se hacían los filósofos por el principio.

Porque diseñar es siempre decidir qué tipo de relaciones se hacen posibles y cuáles se cancelan. Qué vínculos se reconocen y cuáles se instrumentalizan. No hay diseño neutral porque no hay relación neutral.


Empresa, comunidad, hombre político

La fábrica no puede fijarse únicamente en el índice de beneficios. Debe distribuir riqueza, cultura, servicios, democracia. Creo en la fábrica para el hombre, no en el hombre para la fábrica

Adriano Olivetti

Desde esta perspectiva, la empresa aparece como uno de los dispositivos políticos más poderosos de la modernidad. No porque legisle, sino porque modela nuestra vida. Distribuye tiempos, cuerpos, espacios, lenguajes. Produce subjetividad.

Olivetti entendió esto con una lucidez radical. Por eso su comunismo fue heterodoxo, incómodo, irreductible a doctrina. No buscaba la toma del poder, sino algo más profundo: la transformación de las condiciones humanas que hacen necesaria la política tal como la conocemos.

Su horizonte no era la gestión del conflicto, sino su disolución en una forma superior de comunidad. En este sentido, el fin último de su proyecto no era la empresa, ni siquiera la justicia social, sino —paradójicamente— la política como orden de la ciudad, el generador de espacios y proporciones.

Pero para llegar ahí no bastaba con redistribuir recursos.
Había que diseñar relaciones.


Ivrea: complejidad contra simplificación

«Las cosas materiales y la tecnología no deberían ser contempladas como si ocuparan una posición más elevada que la del hombre»

Camilo Olivetti

Ivrea fue el lugar donde esa intuición tomó cuerpo. Ivrea es una ciudad italiana considerada la puerta de entrada al Valle de Aosta en el Piamonte, provincia de Turín. No como utopía abstracta, sino como proyecto complejo, deliberadamente complejo, en un mundo que ya entonces, como ahora, tendía a una excesiva simplificación.

Ivrea no fue una fábrica ampliada, sino una narrativa encarnada. Un plan urbanístico que incluía a los mejores arquitectos italianos: Annibale Fiocchi Marcello Nizzoli y Gian Antonio Bernansconi, Roberto Gabetti y Aimaro Isola. Unas normas que unificaban y transmitían valores de la comunidad. Una liturgia laica donde arquitectura, urbanismo, arte, diseño gráfico, edición, educación y trabajo formaban parte de un mismo relato. No había elementos secundarios. Todo significaba, porque todo creaba esta creación común.

Rodearse de los mejores arquitectos y artistas no fue un gesto estético, sino una decisión política. Porque la belleza, la proporción, la luz, el ritmo del espacio y del tiempo no son adornos: son condiciones de posibilidad del espíritu.

Allí, el diseño no resolvía problemas:
instituía sentido.

La fábrica, la vivienda, la biblioteca, el centro cultural, el paisaje… todo estaba pensado para sostener relaciones Yo–Tú en un entorno —el industrial— que tiende naturalmente a reducirlas a Yo–Ello. Esa tensión no se ocultaba: se trabajaba.


Diseño como política

Hoy, cuando todo se simplifica —los procesos, los discursos, las experiencias—, recuperar la complejidad no es nostalgia: es resistencia política.

Complejidad no como confusión, sino como trama de relaciones significativas. Como correspondencia entre niveles: individuo y comunidad, trabajo y cultura, forma y sentido.

Ahí el diseño alcanza su aspiración más alta.
No cuando optimiza.
No cuando embellece.
Sino cuando articula relaciones que hacen posible una forma de vida.

Por eso la política no es un añadido al diseño.
Es su horizonte.
Y quizá, como intuía Olivetti, su destino final sea superarse a sí misma: transformar tan profundamente las relaciones que la política, tal como la entendemos, deje de ser necesaria.

Hasta entonces, diseñar seguirá siendo una forma de pensar lo común.
Y pensar lo común seguirá siendo el acto político por excelencia.

Sabemos bien que ningún esfuerzo será válido ni duradero si no sabemos educar y elevar el espíritu humano, y que todo será inútil si no compartimos con generosidad, abundancia y amorosa solicitud el insoportable tesoro de la verdad y de la cultura, el esplendor del intelecto y la luz de la inteligencia.

Arnold Schoenberg

Yo no escribo para imbéciles.

Yo no escribo para imbéciles. 1090 480 fcescxavier

Así se expresaba Arnold Schoenberg y añadía en forma de advertencia:

«Un compositor que compone para el público no piensa en la música».

Andaba yo cansado de escuchar; de oír, diría yo. Eran días en los que no encontraba la música que necesitaba. Escuchaba a Brahms y había llegado a Mahler. Su música orquestal profunda, donde las cuerdas nacían de unos agudos, inaudibles, casi abisales, creciendo hacia un discurso que parecía no haber sido escuchado antes. Las sinfonías, las versiones de Das Lied von der Erde con Kathleen Ferrier dirigidas por su discípulo Bruno Walter, eran una garantía: sus notas rendían un homenaje, pero también abrían una grieta. Era el primer salto avanzado hacia una música que se aproximaba a mi búsqueda formal.

Recuerdo una serie de coincidencias como señales. Varias surgían de manera accidental: lecturas distraídas, notas encontradas en un programa de mano, referencias cruzadas que convertían la curiosidad en necesidad. Era un día de mayo cuando, regresando a casa, la salvación tras el trabajo se transformó en premio de un descubrimiento. Creo que fue en una Virgin de una calle céntrica de Barcelona. Entré con la convicción —extraña pero firme— de encontrar Pierrot Lunaire de Arnold Schoenberg.

Por entonces, Sony publicaba la integral de Glenn Gould, quien había entendido profundamente la música de Schoenberg, mostrando siempre su predilección por él y por Bach. No era casual: ambos compartían una concepción estructural del sonido, una ética del pensamiento musical antes que del efecto. En aquellos años pocas tiendas permitían escuchar antes de comprar. Pregunté al dependiente si tenían esa versión y si podía escucharla. Durante unos minutos sonó en la tienda una música que procedía de otro lugar, que rompía con el lenguaje musical que hasta entonces había conocido.

Me sorprendía y me embriagaba. Apenas unos instantes bastaron para consolidar la emoción del hallazgo. No entendía nada, pero mi intuición permanecía alerta, profundamente emocionada. Bajé la cabeza con cierta vergüenza; no quería ser reconocido como el cliente que había solicitado aquel “éxito” improbable en plena canícula. Y, sin embargo, tenía la seguridad de que esa era la música que quería escuchar.

Un disco se convirtió en el punto de inflexión que dirigiría, desde entonces, mi búsqueda formal.

Con Schoenberg comprendí —sin necesidad de formularlo aún— que la música no estaba obligada a agradar, ni siquiera a explicarse. Su ruptura con la tonalidad no era un gesto de provocación, sino una consecuencia: el agotamiento de un sistema y la necesidad de otro. El Pierrot Lunaire, con su Sprechgesang, con su fragmentación extrema, con su tensión entre palabra y sonido, no proponía una nueva comodidad, sino una nueva escucha. No había suelo firme, pero sí una coherencia interna rigurosa, casi ética.

La música siempre ha sido una guía, precisamente por ser certera y también la más incierta. En su autenticidad propone un lenguaje no concreto: siempre estructurado, pero en traducción constante de lo invisible. Mutable, trazando formas apenas inteligibles y plenamente vivas. Schoenberg irrumpió en un momento decisivo de mi aprendizaje musical y artístico, y supuso una ruptura con mi manera de trabajar hasta entonces. Me obligó a abandonar ciertas seguridades formales y a aceptar que avanzar no siempre significa comprender, sino sostener la escucha.

En estos días, leyendo a Yuk Hui, he encontrado una formulación que da nombre a aquello que entonces solo podía intuir. Hui entiende el pensamiento como un proceso de individuación que no garantiza identidad ni autenticidad personal, sino que se expone constantemente al riesgo de devenir otro. Ese tránsito ocurre entre dos polos: el del idiota y el del monstruo. El idiota, desde la raíz griega ídios, permanece en lo propio, en lo privado, en lo que no se deja afectar. El monstruo, en cambio, es vulnerable a la mutación, a la contingencia y al error. El idiota se muestra, el monstruo es visto.

Reconozco ahora que aquel encuentro con Schoenberg me empujó sin remedio hacia ese segundo polo. No como gesto heroico ni como ruptura consciente, sino como una forma de exposición. Abandonar ciertas seguridades, aceptar la inestabilidad del lenguaje musical, asumir que la forma podía dejar de ser un refugio para convertirse en una pregunta. La música dejaba de pertenecerme para transformarme.

Hui insiste además en que la diversidad del arte no puede ser absorbida por una línea temporal homogénea —premoderno, moderno, posmoderno— como si el pensamiento avanzara de forma ordenada y progresiva. Algo similar sucede en la escucha: Schoenberg no es un “después” de Mahler ni una superación de la tradición, sino una bifurcación. Un desvío necesario que no se deja reconciliar fácilmente.

Desde entonces entiendo la música —y quizá el arte en general— como ese espacio donde uno debe elegir continuamente entre permanecer idiota o aceptar volverse monstruo. No para instalarse en la rareza, sino para permitir que el pensamiento, como el sonido, se individúe y alcance su singularidad. Tal vez por eso algunas músicas no se escuchan para gustar, sino para aprender a escuchar sin garantías. Porque hay rupturas que no cierran una etapa, sino que inauguran una forma distinta de estar en el mundo.

Coda

Hay, sin embargo, una confusión persistente que me preocupa: la de creer que este proceso de individuación se funda en el gusto. Como si escuchar, crear o pensar fueran actos de preferencia personal, elecciones privadas sin consecuencias. El gusto tranquiliza porque no obliga; se refugia en lo propio y clausura la posibilidad del otro.

Pero la individuación —si realmente lo es— no acontece en la comodidad de lo que me agrada, sino en la fricción con lo que me desborda. Negar la posibilidad de encontrar ese proceso en el otro es reducir la experiencia artística a una identidad cerrada, a una posición idiota en el sentido más estricto del término: aislada, autorreferencial, impermeable.

Por eso este no es solo un problema estético, sino ético y político. Escuchar —de verdad— implica exponerse a una alteridad que no controlo, aceptar que el pensamiento y la forma pueden venir de fuera, incluso en contra de uno mismo. Los artistas no podemos escapar de esta responsabilidad: cada elección formal es también una toma de posición sobre cómo habitamos lo común, sobre qué tipo de mundo estamos dispuestos a compartir.

Al final, la monstruosidad es una mirada auténtica, curiosa, la señal de que aquello que llamamos el otro no es sino una manifestación de lo que somos o podemos devenir, y que reconocerlo es preparar el mundo para un lugar común.

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monje mirando el mar de Caspar David Fiedrich
páginas 54 y 55 de la salvación de lo bello

¿Qué es lo que asombra ante todo en las pinturas de las cuevas prehistóricas? El movimiento. Incluso el carácter extraordinariamente logrado de unos movimientos delicados: la carrera, el salto, y las miradas, las formas de sus labios… observemos los leones de Chauvet y la especie de cronofotografía que componen sus sobreimpresiones. El movimiento no consiste sólo en el desplazamiento espacial, es la transformación, la modulación, la variación, es decir, las propiedades elementales de toda forma de sensibilidad. Lo sensible moviliza las diferencias. ¿Qué es un color? ¿Y un sonido? Instantáneamente se trata de cien coloraciones, de cien o mil sonoridades. No necesito decir más: Lo sensible tiene que ver con las diferencias, se juega en ellas, por ellas, mejor aún, es su juego, y ese juego es también el de nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos, en él y por él.

Ese juego exige que nos ejercitemos. Al ejercitarnos en él, se encuentra asimismo con la diferencia entre, por un lado, lo que capta y sostiene su exigencia, y, por otro, lo que la hiere y la defrauda. Los artistas han afrontado siempre la decepción y la herida de una sensibilidad dañada, desajustada, deteriorada. La intensidad sensible se ha sabido siempre exposición a su propia fragilidad. La verdad es también la delicadeza extrema de la aparición.

Es su evasión en lo impalpable, o su caída en la destrucción, la asfixia, la saturación o el desgarto, pues lo sensible está tejido, atravesado o bordeado por todas esas amenazas.

La diferencia tiene ese precio, y no cabe duda que todos los artistas, en todas las artes, lo han pagado siempre. Toda la dificultad y, en cierto sentido, la “improbabilidad” del “gran arte” tiene que ver con ese riesgo enorme del gesto que debe abrirse paso entre el fracaso y la complacencia.

Es difícil decidir dónde iniciar el subrayado y dónde dejar de hacerlo.
Cuando esto sucede parece que la apropiación es inminente. Del mismo modo puedes pensar en cómo es posible que alguien haya puesto palabras a lo que sientes, ni siquiera piensas, antes bien intuyes y lo hace de un modo equilibrado, claro y estructurado. Lo que tu haría a puñetazos, con discontinuidad y fragmentariamente es una idea que se extiende en cada párrafo y que se transfiere a lo largo de todo el libro.

Jean Luc Nancy aporta una claridad sobre el arte que me identifica, acompaña y conforta. Es difícil analizar y detectar con más precisión la aparición como señal que atraviesa la verdad en forma de imagen. «La apariencia degrada la aparición».

Your brain on art

Your brain on Art

Your brain on Art 1000 1000 fcescxavier

El arte es anterior al lenguaje. El libro de Susan Magsamen y Ivy Ross explora esa intervención que tiene el arte en la vida. Es un elemento que cataliza como entendemos y como procesamos el mundo. De esta manera es como el arte modela nuestra manera el arte puede sanarnos porque transforma nuestro cuerpo desde lo más profundo.

Researchers are discovering the arts alter a complex physiological network of interconnected systems —including neural circuitry, circulatory, respiratory, immune and endocrine and psychological– like nothing else.

Arts and aesthetics can literally rewire our brain. They are secret sauce that helps build new synaptic connections.

Soledades I detalle

La estrategia de lo invisible

La estrategia de lo invisible 1500 1500 fcescxavier
monje mirando el mar de Caspar David Fiedrich

Escolto de matinada “Monje mirando el mar” de Carlos Mezquida.

Curiosament fa uns dies contemplava a Berlín al Altes Museum el quadre amb el mateix títol de Caspar David Fiedrich i arrel d’aquesta visió deixava uns pensaments escrits. Ara el reviso i m’endinso en una mirada senzilla i alhora inmensa.

Per qué quan veiem la llum, aquesta se’ns mostra tan sencera i tot sembla cedir amb naturalitat al seu traspàs. Les grans obres comparteixen un mateix neguit i una mateixa visió. Una clara boirina, aquesta calitxa lluminosa no pot ser més que una visió serena i trascendent de present com una eterna presència del jo etern.

Esfereidora per molts, serena al cap i a la fi per tots. Rothko la pinta fins els darrers dies, aquesta llum grisa intensa, vibrant quasi esmorteïda en l’infralleu. Caspar David Friedrich la pinta errant, lluminosa i radiant, present com la llum d’un ressol que permet mirar però t’obliga a aclucar els ulls amb intermitència.

La llum segueix essent el motiu etern de la pintura i jo segueixo admirant-la mentre fustro cercant-la en les meves aquarel.les.

Brutes, així es com interpreta la meva mirada les coses. Em cal més llum, cal molta més llum.

páginas 54 y 55 de la salvación de lo bello

Han passat gairebé 3 anys desde l’estiu a Berlin. Diumenge 18 de juliol. Llegeixo en un migdia calurós «La salvación de lo bello» de Byung-Chul Han. Mentrestant sona rerafons Swetter more bitter de Oscar Jerome. Res es triat al capdavall.

El objeto bello «ni lo urgimos ni los forzamos».  En presencia de lo bello como «el concepto y la finalidad plenamente realizados», el sujeto mismo renuncia por completo a su interés por él. Sus ansias se retiran. (…) Dejar de ser es más el desasimiento sereno, sería su postura hacia lo bello. Lo bello es lo único que enseña a demorarse desinteresadamente en algo: «Por eso, la contemplación de lo bello es de tipo liberal, un dejar estar a los objetos como libres e infinitos en sí mismos, sin querer poseerlos ni utilizarlos como útiles para necesidades e intenciones finitas»

Retorno a Rothko, es un pintor que m’impressiona, especialment les darreres obres, aquella cendra lluminosa que ho encen tot, d’una opacitat extranya, en la transició del colors superposats. Hi ha un llibre que entén molt bé el procés de la seva pintura. «Sacrificio y creación en la pintura de Rothko» de Amador Vega Esquerra. Unos párrafos narran el misterio desvelado:

De hecho, ya en 1945 había asumido el reto de seguir dando mayor concreción a sus símbolos de cara a obtener mayor claridad. No hay nada que permita pensar en una actitud repetitiva o acomodada a estadios expresivos estables. Incluso en las series de piezas más semejantes es posible percibir la persistente inquietud que le permitirán continuar con la dinámica de los hallazgos.

I ara el mateix Rothko per parlar de la llum, de la troballa, del miracle:

La herramienta más importante que el artista modula mediante la práctica constante es la fe en su habilidad para producir milagros cuando son necesarios.

Pero pienso yo si hay algo que pueda resolver el sujeto en este reto de obrar el milagro, más bien es gracias a esa transformación del sujeto en objeto, en ese chamán que emerge de la oscuridad como describe  a Giacometti Jean Clay en su libro «rostros del arte moderno». Me gustaría tener este ensayo que no he vuelto a leer desde que lo hiciera en la biblioteca de Bellas Artes y que definió mi visión del maestro de la bruma, de la percepción afilada y diminuta como la navaja que empleaba para modelar.

Los cuadros deben ser milagrosos: en el momento en que se concluyen, la intimidad entre la creación y el creador se acaba. Éste se convierte en un extraño. El cuadro tiene que ser para él, como para cualquiera que lo experimente después, una revelación, la resolución inesperada y sin precedentes de una necesidad eternamente familiar»

«…feel I am ready for my love» acaba Lilac Tree de Nina Simone, es pot definir millor el miracle.

Selva amazónica donde viven los Kamayurá.

Can’t you hear the fish singing?

Can’t you hear the fish singing? 1500 874 fcescxavier

Este artículo de Noema presenta un gran interés de escuchar más allá del concepto «oir». Dar significado a lo que escuchas, permitiendo que todo cuanto existe tiene voz, un sonido de alguna manera único.

Por eso en lengua Kamayura, la palabra anup («escuchar») también evoca «comprender», de una manera superior a la palabra *tsak* («ver»), que solo sugiere «entender» en un sentido analítico y limitado. El exceso de dependencia de la visión se asocia con un comportamiento antisocial, mientras que escuchar bien se relaciona con formas holísticas e integradas de percepción y conocimiento.

Entre los Kamayurá, los buenos oyentes suelen ser aquellos con virtuosismo en la música y las artes verbales. Un reconocimiento especial —*maraka´ùp* («maestro de la música»)— se otorga a quienes, como Ekwa, son capaces de percibir, recordar, reproducir y relacionar los sonidos de otros seres. Esta habilidad surge tanto de un talento innato como de un entrenamiento intensivo a lo largo de la vida.

Las habilidades interpretativas de los Kamayurá son iguales o, en algunos casos, incluso superan la comprensión científica occidental. Son capaces de hacer inferencias precisas y exactas sobre qué especies u objetos emiten ciertos sonidos, así como sobre su ubicación y razón de ser. Este es un conocimiento práctico y relacional porque los Kamayurá están en un diálogo constante con la vida no humana que los rodea. Se desplazan por el bosque escuchando y conversando con animales, plantas y espíritus, diciéndoles que no tienen malas intenciones y pidiéndoles a cambio que no les hagan daño. Bastos argumenta que esta «escucha del mundo» acústico-musical —que combina la precisión de la ciencia occidental con prácticas de sintonización espiritual— es una forma de ecología sagrada.

Warm Data

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monje mirando el mar de Caspar David Fiedrich

¡La tierra es plana! – Gritaba el miedo.

Después de 4 años pensaba que estaba en el mismo sitio.

Siempre me ha aterrorizado la ceguera. La temo porque en mi mundo el sentido de la vista es dominante.  La cultura visual que no reduce la mirada a una mera receptora de haces de luz, sino que lo que ve lo convierte en significado, procesa, recompone y convierte lo mirado en una construcción fiel a la profundidad de lo aprendido. Recibimos el tacto, la textura, la forma de las cosas en forma de objeto transformado por uno de los sistemas de codificación imperfecto y mágico. Tanto trajín de fotones en forma de  Los patrones, la educación tienen mucha responsabilidad en la gestión de lo que vemos. Somos código insertado o enriquecido a base de mirar.

Existe un mirar curioso, un mirar inerte, un mirar morboso un mirar compulsivo, un mirar pasivo, un mirar embelesado, un mirar ciego y sobre todo existe una mirada que mira y ve.

Siempre me ha aterrorizado la ceguera, pero con el paso de los años descubro que la ceguera podría hasta ser la solución al no ver. La costumbre es tal vez la peor de las cegueras. Mirar debería ser un acto ético anclado en la profundidad del ser, pura experiencia primera. Maldito pecado que nos hizo mirar con avaricia la verdad un atajo para tenerlo todo, una atajo para perdernos el viaje.

El sabor de las cerezas nos obliga a recorrer una y otra vez el mismo paisaje. Habbas Kierostami no quiere coger ningún atajo.

La inercia solo nos muestran una visión en dos dimensiones.  Todos los días me invito a ver más allá en una tercera dimensión y en una cuarta y hasta en una quinta. El saber directo requiere una mirada más certera, más humana más cálida más llena del “warm data” que reclama Nora Bateson

La riqueza de esta mirada nos devuelve una sensación más profunda de avance. Ladran Sancho, señal de que avanzamos.

Digo esto porque hoy tengo la sensación de que siempre sigo en la casilla de salida, dos meses mostrando resistencia una resistencia de esa visión plana de la realidad

Una mirada de superficie versus una mirada profunda muy presente y por eso tiene todo el futuro cargados de pasado y sobretodo íntima esta quinta dimensión que tiene la vocación de revelarte en un todo.

Medir no para saber lo que se queda dentro sino lo que dejamos fuera.

Pensamiento cíclico Sísifo como castigo kierkegard como repetición

https://www.psychologytoday.com/intl/blog/a-wider-lens/202311/a-book-review-of-nora-batesons-combining

Nothing Is Hidden, But Much Is Unseen

Nora quotes Gregory, as he was fond of saying «A falling leaf is not just that and nothing more, things are implicit in other ways.” In response, she has nurtured what she calls «warm data.” It is defined as: «Transcontextual information about the interrelationships that integrate a complex system.» She also coined the word «symmathesy» which is “to generate mutual learning contexts through the process of interaction between multiple variables in a living entity.”

Bach sempre es Bach, el trabes en una estructura humana, mansa human

páginas 54 y 55 de la salvación de lo bello

Han passat gairebé 3 anys desde l’estiu a Berlin. Diumenge 18 de juliol. Llegeixo en un migdia calurós «La salvación de lo bello» de Byung-Chul Han. Mentrestant sona rerafons Swetter more bitter de Oscar Jerome. Res es triat al capdavall.

El objeto bello «ni lo urgimos ni los forzamos».  En presencia de lo bello como «el concepto y la finalidad plenamente realizados», el sujeto mismo renuncia por completo a su interés por él. Sus ansias se retiran. (…) Dejar de ser es más el desasimiento sereno, sería su postura hacia lo bello. Lo bello es lo único que enseña a demorarse desinteresadamente en algo: «Por eso, la contemplación de lo bello es de tipo liberal, un dejar estar a los objetos como libres e infinitos en sí mismos, sin querer poseerlos ni utilizarlos como útiles para necesidades e intenciones finitas»

Retorno a Rothko, es un pintor que m’impressiona, especialment les darreres obres, aquella cendra lluminosa que ho encen tot, d’una opacitat extranya, en la transició del colors superposats. Hi ha un llibre que entén molt bé el procés de la seva pintura. «Sacrificio y creación en la pintura de Rothko» de Amador Vega Esquerra. Unos párrafos narran el misterio desvelado:

De hecho, ya en 1945 había asumido el reto de seguir dando mayor concreción a sus símbolos de cara a obtener mayor claridad. No hay nada que permita pensar en una actitud repetitiva o acomodada a estadios expresivos estables. Incluso en las series de piezas más semejantes es posible percibir la persistente inquietud que le permitirán continuar con la dinámica de los hallazgos.

I ara el mateix Rothko per parlar de la llum, de la troballa, del miracle:

La herramienta más importante que el artista modula mediante la práctica constante es la fe en su habilidad para producir milagros cuando son necesarios.

Pero pienso yo si hay algo que pueda resolver el sujeto en este reto de obrar el milagro, más bien es gracias a esa transformación del sujeto en objeto, en ese chamán que emerge de la oscuridad como describe  a Giacometti Jean Clay en su libro «rostros del arte moderno». Me gustaría tener este ensayo que no he vuelto a leer desde que lo hiciera en la biblioteca de Bellas Artes y que definió mi visión del maestro de la bruma, de la percepción afilada y diminuta como la navaja que empleaba para modelar.

Los cuadros deben ser milagrosos: en el momento en que se concluyen, la intimidad entre la creación y el creador se acaba. Éste se convierte en un extraño. El cuadro tiene que ser para él, como para cualquiera que lo experimente después, una revelación, la resolución inesperada y sin precedentes de una necesidad eternamente familiar»

«…feel I am ready for my love» acaba Lilac Tree de Nina Simone, es pot definir millor el miracle.

Alejado sin estar ausente, Juan Uslé

Alejado sin estar ausente, Juan Uslé 150 150 fcescxavier
páginas 54 y 55 de la salvación de lo bello

Han passat gairebé 3 anys desde l’estiu a Berlin. Diumenge 18 de juliol. Llegeixo en un migdia calurós «La salvación de lo bello» de Byung-Chul Han. Mentrestant sona rerafons Swetter more bitter de Oscar Jerome. Res es triat al capdavall.

El objeto bello «ni lo urgimos ni los forzamos».  En presencia de lo bello como «el concepto y la finalidad plenamente realizados», el sujeto mismo renuncia por completo a su interés por él. Sus ansias se retiran. (…) Dejar de ser es más el desasimiento sereno, sería su postura hacia lo bello. Lo bello es lo único que enseña a demorarse desinteresadamente en algo: «Por eso, la contemplación de lo bello es de tipo liberal, un dejar estar a los objetos como libres e infinitos en sí mismos, sin querer poseerlos ni utilizarlos como útiles para necesidades e intenciones finitas»

Retorno a Rothko, es un pintor que m’impressiona, especialment les darreres obres, aquella cendra lluminosa que ho encen tot, d’una opacitat extranya, en la transició del colors superposats. Hi ha un llibre que entén molt bé el procés de la seva pintura. «Sacrificio y creación en la pintura de Rothko» de Amador Vega Esquerra. Unos párrafos narran el misterio desvelado:

De hecho, ya en 1945 había asumido el reto de seguir dando mayor concreción a sus símbolos de cara a obtener mayor claridad. No hay nada que permita pensar en una actitud repetitiva o acomodada a estadios expresivos estables. Incluso en las series de piezas más semejantes es posible percibir la persistente inquietud que le permitirán continuar con la dinámica de los hallazgos.

I ara el mateix Rothko per parlar de la llum, de la troballa, del miracle:

La herramienta más importante que el artista modula mediante la práctica constante es la fe en su habilidad para producir milagros cuando son necesarios.

Pero pienso yo si hay algo que pueda resolver el sujeto en este reto de obrar el milagro, más bien es gracias a esa transformación del sujeto en objeto, en ese chamán que emerge de la oscuridad como describe  a Giacometti Jean Clay en su libro «rostros del arte moderno». Me gustaría tener este ensayo que no he vuelto a leer desde que lo hiciera en la biblioteca de Bellas Artes y que definió mi visión del maestro de la bruma, de la percepción afilada y diminuta como la navaja que empleaba para modelar.

Los cuadros deben ser milagrosos: en el momento en que se concluyen, la intimidad entre la creación y el creador se acaba. Éste se convierte en un extraño. El cuadro tiene que ser para él, como para cualquiera que lo experimente después, una revelación, la resolución inesperada y sin precedentes de una necesidad eternamente familiar»

Otra cosa puede obrar el milagro de lo que está vivo. Alejarte como indica Byung-Chul Han, pero un alejamiento cercano. Dejar de perseguir y paralizar lo que miramos. Lo que miramos requiere toda nuestra atención sin atención, acercarnos con devoción y compasión aceptando su suerte. No juzgar, respirar y alejarse. Juan Uslé lo manifiesta en esta entrevista de un modo maravilloso:

Creo que empiezo estas pinturas buscando el silencio. Y el mecanismo, esta forma de hacerlas, me habla desde la pura necesidad. Siento la necesidad de hacer estas pinturas, como si fuera un ritual, la recitación de una oración: fusionando la calma y la acción, tratando de no pensar, escuchando a mi cuerpo. Hacerlas es como llenar el mundo de silencio, partiendo del vacío, para también significar al menos un espacio suficientemente grande y generoso, elegido para ese propósito. Es como un ejercicio de limpieza, para buscar el vacío, guiado por un punto de referencia biológico. Quizás las hago porque vemos de manera demasiado impura, y a veces somos atormentados por las imágenes. Estamos tan sobrecargados de imágenes que respiramos, vivimos cada vez más dentro de un Times Square neuronal.

«…feel I am ready for my love» acaba Lilac Tree de Nina Simone, es pot definir millor el miracle.

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Es massa tard. Em llevo d’hora per dur al Cosmo de passeig. Baixo les escales de fusta d’aquesta vella casa al carrer Víctor Hugo d’Amboise. El camí em condueix fins el parking del capdevall del carrer , si el seguissim arribariem al Clos de Luce, la casa on va morir Leonardo da Vinci quan era al servei del rei Francès, Francesc I. Camino fent una descoberta matinera, per una plataforma de fusta arribo fins un segon parking a l’entrada del poble. Uns cartells de color  vermell òxid indiquen com arribar al Chateau Royal, Chateu Mallard, al Clos de Lucé i a la casa del filòsof desconegut. Es massa tard per seguir la pista, però he de reconeixer que durant uns minuts tracto de localitzar la casa d’aquest enigmatic veí.

Segons wikipèdia ens trobem davant Louis-Claude de Saint-Martin.«En general se le escucha con singularidad, pero no se le secunda. Pareciera que en medio de esa sociedad tan sensual, escéptica y materialista, todos desearan luz, pero una luz dulce y agradable, y al encontrarse con una forma algo austera, tal como la presentaba en su primer libro, la rechazaban».

philosoph unconnu

Agrega que nuestras facultades internas y escondidas son las verdaderas causas de las obras externas, y así también en el Universo son las potencias internas las verdaderas causas de todo cuanto se manifiesta en el exterior. Lejos de querer ocultar a nuestros ojos las verdades fecundas y luminosas que son el alimento de la inteligencia humana, Dios las ha escrito en todo lo que nos rodea. Las ha escrito en la fuerza viva de los elementos, en el orden y la armonía de todos los fenómenos del mundo, pero aún mucho más claramente en aquello que forma la característica distintiva del hombre. Por lo tanto, estudiar la verdadera naturaleza del hombre y deducir de los resultados que surjan de este estudio la ciencia del conjunto de las cosas, apreciarlas a los rayos de la luz más pura, ése debe ser el gran objetivo del filósofo.

Esa es una de las pocas palabras académicas que uso en el ensayo y me sirve para subrayar dos términos: alter (otro) y topos (lugar). La enseñanza tiene que ver con compartir en un lugar especial, diferente, otro.

R. El umbral no supone identidades fijas ni pertenencias o modo de propiedades, sino estilos de vida abiertos, flexibles y nómadas. Doy prioridad a los verbos, es decir, a las acciones por encima de los sustantivos. La vida de cada persona es un ir paso a paso, orientándose e identificándose. Y procuro evitar las etiquetas. Hay demasiadas.

La resistencia sigue teniendo sentido. No hay que rendirse ante lo que domina. Hay que recrear lugares diferentes, paréntesis en donde crezcan las fuerzas para cambiar de rumbo.

Bilbeny habla de un artículo que escribió en 1784 en el que reclamaba con insistencia que cada cual aprenda a pensar por sí mismo, y en el que escribió, recordando el viejo Sapere aude! —atrévete a pensar— de Horacio: “¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí el lema de la Ilustración”.

La crítica se va construyendo, es una tarea infinita, y derrumba y horada y masacra cada uno de esos mitos en los que se siguen sosteniendo los proyectos absolutos —¿absolutistas?— y sentimentales de los líderes iluminados.

La danza olímpica

https://elpais.com/opinion/2024-08-11/la-danza-olimpica.html

Todas estas imágenes disolvían las fracturas identitarias que dividen nuestras sociedades, despedazando desde la belleza la agenda reaccionaria que lucha por restaurar el falso “orden natural de las cosas”. Fue un grito poderoso: nuestras identidades son impuras, mezcladas, fragmentadas. Y de ese grito se extrae una pregunta política: ¿cómo convivir en un mundo que nos pertenece a todos?

Aquí los míos y allí los otros. Cuando miramos a alguien o algo que nos sitúa en un lugar donde nuestra propia imagen titubea, sentimos el pánico a la frontera: su porosidad nos dice que el diferente que veo ante mí es alguien como yo.

Pienso donde existo

https://elpais.com/opinion/2024-08-11/pienso-donde-existo.html

La tarea no es sencilla, y no solo por la gestión y la logística al respecto, sino porque ahonda además en un problema filosófico importante: el de la consideración del otro, el del tratamiento de la otredad, y, pegado a ello, el de cómo mostrarla, cómo dar la voz a ese otro sin hablar por él.

Toumani Diabaté y Ali Farka Touré

Serlo

Serlo 800 797 fcescxavier

“La consciencia se renueva continuamente. Tiras un pedazo de comida en un rincón; y en poco tiempo hay gusanos ― vida, consciencia. La misma consciencia que hay en el gusano está en ti. No es “mi” consciencia, “tu” consciencia; es una consciencia universal, y esa consciencia universal eres tú”.

Is anyone there? Este es el nombre de la reverberación de sonidos creciente que desemboca a borbotones en el sonido de un kamancheh, ( کمانچه) un instrumento de cuerda frotada originario de Persia. Toumani Diabate digita sobre su Kora hasta que el arco de Kkayhan kalhor frota las tres originarias cuerdas de seda para producir un sonido intenso. A las variaciones sigue la certeza. A esa manera de transitar los sonidos de producir leves pulsaciones con digitaciones más definidas, como la cristalización de un sonido puro es a lo que me acostumbró Elyne Road. Nunca me canso de oir esta sucesión natural de de notas sencillas y puras.

Fluidez frente a la tensión. Su compañía no puede ser más maravillosa. Rebrotar como si un orden musical y orgánico fluyera porque existe y al hacerlo  fluye. No sabría que empezó primero si el hecho de escribir porque necesito explicar algo o la pulsión de teclear y presenciar la danza sobre una pantalla de caracteres conocidos, la cadencia de unas teclas que coinciden con las letras percutidas se amontonan formando palabras, no las pronuncio, mi cabeza como si fuese una meditación las registra y las corrige. Corrijo sonidos no palabras. Nadie las pronuncia, solo en mi mente se repiten como una letanía, lenta, fugaz, atrapada por este instante.

What we play isn’t written,” says Diabaté. “It’s not like orchestral music. This music isn’t like that – it’s natural, and people don’t always understand that. Ali never ever practised, he wanted to keep the natural things in the music, and me too. When I play the divine inspiration comes through my body and goes through to the strings. It came to Ali, too. Playing with him is a very good experience. I give and I also learn.”

Toumani Diabaté

El ventilador teje una maraña de aire para arrojarlo sobre mi costado derecho. Agotado el calor por este expulsar constante me permite sentir un pinchazo en el costado opuesto, anestesiado por el aire, noto la tensión de una picadura.

Ayer leía la crónica de la muerte de Toumani Diabate, un músico que me acompaña siempre, escucho a Bach hasta que confundo una de sus variaciones con Djourou Kara Nany.

Leo en el país a Joan Arnau en «Nisargadatta, la atención distraída» donde una vez más nos sumerje en conceptos nuevos siempre viejos. Dice que «cada experiencia tiene su propio experimentador». La resonancia varía dependiendo de la caja que la acoge, la experiencia es siempre única  y nos permite encontrarnos desnudos ante una realidad que demuestra cuan afinado es el instrumento, aprender a ver, sensibilizar a traves de la práctica, la exposición de tu ser en el mundo. »

“Deja de pensar que haces esto o aquello y te darás cuenta de que eres el origen y el centro de todo. Te vendrá entonces un gran amor que no es consecuencia de una elección, ni de una predilección, ni de un apego, sino un poder que hace que todo sea amable y digno de amor”

«Según una tradición antigua de la India, sólo podemos conocer lo falso. Lo verdadero hay que serlo».

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