Política, la aspiración máxima del diseño

Adriano Olivetti ilustración

Política, la aspiración máxima del diseño

Política, la aspiración máxima del diseño 1500 473 fcescxavier

“Noi sappiamo bene che nessuno sforzo sarà valido e durerà en el tempo se non saprà educare, elevare l’animo umano, e che tutto sarà inutile se il tesoro insostituibile della verità e della cultura, luce dell’ intelletto e lume dell’intelligenza, non sarà dato a ognuno con generosa abbondanza, con amorosa sollecitudine”

“Prima esperienze in una fabbrica”, in Il mondo che nasce.
Adriano Olivetti

Leer los escritos de Adriano Olivetti y acompañarlos de su biografía es elevar el diseño a lo político.

Adriano Olivetti fue un empresario italiano con una visión única de la empresa donde el diseño y lo político se encontraban como tensiones de continuidad. Con un elemento unificador, la busqueda del bienestar del hombre, a través de la fusión del orden económico, social y político. Fundado en un movimiento comunitario que impulsaba la idea de lo colectivo. En Olivetti no hay una apelación moral ni una consigna humanista, hay una intuición cierta, una organización de lo social que pone al hombre en su dimensión relacional en el centro.
Esta visión se convierte en un plan, su diseño se convierte en una tesis política. Adriano siempre aspiró a la política, esa era su dimensión real. Convirtión Ivrea en un laboratorio donde exportar sus ideas al mundo. Si seguimos viendo la máquina de escribir lettera 22 como su mayor logro perdemos la atención en lo más importante.

Adriano, intuye una idea de comunidad fundada en el presente lleno de sentido. No piensa en la empresa como un instrumento económico al que se le deben añadir valores para interpretarlo, sino como una organización de lo común que genera riqueza inmaterial y material. En su pensamiento, producir no significa fabricar objetos, sino instituir relaciones: entre los hombres, con el tiempo, con el territorio donde arraigue la cultura, lo común, genera sentido.

No es extraño que encontremos principios de diseño en su proyecto. Mejoremos la vida de las personas, generemos valor en lo que hacen, retroalimentemos lo contable a partir de su bienestar. Produzcamos verrdad para generar un margen que mejore cada vida. Fundemos lo bello como «el hacer desinteresado», el dar sin esperar nada a cambio. Creamos lo colectivo donde las relaciones sociales no se mapeen, ni impongan una realidad ajena.

Ahí comienza el diseño como un hacer político.
No en la forma.
No en la función.
Sino en la correspondencia donde la forma y la función operan desde lo invisible.

Máquina de escribir Lettera22 de Olivetti

Lettera 22

La Lettera 22 fue una máquina de escribir portátil de Olivetti, diseñada por Marcello Nizzoli y lanzada en 1950. Su éxito radicó en una combinación excepcional de diseño moderno, portabilidad y funcionalidad, que la convirtió en un objeto cotidiano capaz de integrar estética y uso con naturalidad.

Reconocida con el Compasso d’Oro en 1956 e incorporada a la colección permanente del MoMA, la Lettera 22.


El origen de todo

Las palabras primordiales no significan cosas, sino que indican relaciones.

“Yo y tú”
Martin Buber

El hombre moderno, el hombre productivo sigue poniendo la mirada en el objeto, en lo representado. En la tecnología generadora y que eficiencia. No en la tecnología como proceso de conocimiento, de relación con lo físico y con lo invisible. Situamos el origen de todo, —el arjé, que buscaban los primeros filósofos griegos— en la cosa. En el producto.
Pero, ¿y si el arjé no estuviera ahí?

Sostenía Martin Buber, filósofo austriaco, que el principio originario no es material, sino relacional. El ser humano no se constituye en soledad ni en la posesión, sino en el encuentro. El yo no preexiste, sino que emerge en la relación.

La relación Yo–Tú no es un existir ético de comportamiento, sino una condición que nos hace quienes somos. En ella, el otro no es medio, producto, recurso ni función, sino presencia. Frente a esta relación encontramos la relación Yo–Ello que reduce el mundo —y a los hombres— a objetos disponibles, gestionables, intercambiables.

Perdonad este arranque pero para entender lo que no nos sucede a nivel político debemos entender de lo que carecemos a la hora de analizar lo político.
La política se establece en la relación, es el orden que establecemos basado en obligaciones. Porque esta es la manera de organizar y entender lo que emerge en la ciudad. El orden social, la interrelación entre el yo y el tú donde surge el otro.
Y, por tanto, es diseño. Porque no diseñamos a través de los artefactos nuestra manera de relacionarnos con el mundo. El diseño es un interfaz que permite conectar y aprehender. Es una ampliación que permite ampliar conexiones, con nosotros mismos.

El diseño es la pregunta, la misma que se hacían los filósofos por el principio.

Porque diseñar es siempre decidir qué tipo de relaciones se hacen posibles y cuáles se cancelan. Qué vínculos se reconocen y cuáles se instrumentalizan. No hay diseño neutral porque no hay relación neutral.


Empresa, comunidad, hombre político

La fábrica no puede fijarse únicamente en el índice de beneficios. Debe distribuir riqueza, cultura, servicios, democracia. Creo en la fábrica para el hombre, no en el hombre para la fábrica

Adriano Olivetti

Desde esta perspectiva, la empresa aparece como uno de los dispositivos políticos más poderosos de la modernidad. No porque legisle, sino porque modela nuestra vida. Distribuye tiempos, cuerpos, espacios, lenguajes. Produce subjetividad.

Olivetti entendió esto con una lucidez radical. Por eso su comunismo fue heterodoxo, incómodo, irreductible a doctrina. No buscaba la toma del poder, sino algo más profundo: la transformación de las condiciones humanas que hacen necesaria la política tal como la conocemos.

Su horizonte no era la gestión del conflicto, sino su disolución en una forma superior de comunidad. En este sentido, el fin último de su proyecto no era la empresa, ni siquiera la justicia social, sino —paradójicamente— la política como orden de la ciudad, el generador de espacios y proporciones.

Pero para llegar ahí no bastaba con redistribuir recursos.
Había que diseñar relaciones.


Ivrea: complejidad contra simplificación

«Las cosas materiales y la tecnología no deberían ser contempladas como si ocuparan una posición más elevada que la del hombre»

Camilo Olivetti

Ivrea fue el lugar donde esa intuición tomó cuerpo. Ivrea es una ciudad italiana considerada la puerta de entrada al Valle de Aosta en el Piamonte, provincia de Turín. No como utopía abstracta, sino como proyecto complejo, deliberadamente complejo, en un mundo que ya entonces, como ahora, tendía a una excesiva simplificación.

Ivrea no fue una fábrica ampliada, sino una narrativa encarnada. Una liturgia laica donde arquitectura, urbanismo, arte, diseño gráfico, edición, educación y trabajo formaban parte de un mismo relato. No había elementos secundarios. Todo significaba, porque todo creaba esta creación común.

Rodearse de los mejores arquitectos y artistas no fue un gesto estético, sino una decisión política. Porque la belleza, la proporción, la luz, el ritmo del espacio y del tiempo no son adornos: son condiciones de posibilidad del espíritu.

Allí, el diseño no resolvía problemas:
instituía sentido.

La fábrica, la vivienda, la biblioteca, el centro cultural, el paisaje… todo estaba pensado para sostener relaciones Yo–Tú en un entorno —el industrial— que tiende naturalmente a reducirlas a Yo–Ello. Esa tensión no se ocultaba: se trabajaba.


Diseño como política

Hoy, cuando todo se simplifica —los procesos, los discursos, las experiencias—, recuperar la complejidad no es nostalgia: es resistencia política.

Complejidad no como confusión, sino como trama de relaciones significativas. Como correspondencia entre niveles: individuo y comunidad, trabajo y cultura, forma y sentido.

Ahí el diseño alcanza su aspiración más alta.
No cuando optimiza.
No cuando embellece.
Sino cuando articula relaciones que hacen posible una forma de vida.

Por eso la política no es un añadido al diseño.
Es su horizonte.
Y quizá, como intuía Olivetti, su destino final sea superarse a sí misma: transformar tan profundamente las relaciones que la política, tal como la entendemos, deje de ser necesaria.

Hasta entonces, diseñar seguirá siendo una forma de pensar lo común.
Y pensar lo común seguirá siendo el acto político por excelencia.

fcescxavier

Artista . Diseñador . Facilitador. Trabajo desde lo esencial.

All stories by : fcescxavier

    Privacy Preferences

    When you visit our website, it may store information through your browser from specific services, usually in the form of cookies. Here you can change your Privacy preferences. It is worth noting that blocking some types of cookies may impact your experience on our website and the services we are able to offer.

    Click to enable/disable Google Analytics tracking code.
    Click to enable/disable Google Fonts.
    Click to enable/disable Google Maps.
    Click to enable/disable video embeds.
    Nuestra web usa cookies, principalmente de servicios proporcionados por terceros. Define tus preferencias de privacidad y acepta el uso de cookies.